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Las tragedias unen pueblos 
Esta máxima algo incómoda (¿no podría suceder también en circunstancias felices?) fue el motor principal del lazo solidario que el ambiente del rock argentino le extendió al pueblo chileno en lo que quizá sean las horas más dolorosas de su historia.
Se sabe, las relaciones entre ambos países siempre han sido tensas, con más desencuentros que encuentros. Sin embargo, toda herida pasada cicatrizó el sábado en la plaza ubicada en las intersecciones de Pampa y Av. Figueroa Alcorta, donde cientos de banderas chilenas dibujaron una postal de Santiago de Chile en Buenos Aires.
“Esto lo hacemos por los pobres, los que sufrieron, no por los gobiernos”, vociferó Gustavo Cerati Ricardo Darín realizara una introducción que sirvió de preámbulo. Así, durante cuatro horas, las fronteras se borronearon y una multitud acompañó y colaboró con el slogan Argentina abraza a Chile. en medio de su show para marcar territorio y después de que
Rasgando las cuerdas de su guitarra con una muñequera de colores chilenos y lookeado en una versión muy Glastonbury, Cerati le corrió la cortina a la tarde con un set de gran factura, el cual incluyó diez canciones de su repertorio solista y una reminiscencia de Soda Stereo. “Crimen” y “Trátame suavemente” (la composición de Daniel Melero soporta el paso del tiempo con pura belleza melódica) sobresalieron por la participación estelar de Andrés Calamaro, quien no tuvo una buena performance vocal, pero campeo el momento con su inagotable carisma.
Mientras desde el VIP personalidades como Juana Viale y su esposo chileno, Gonzalo Valenzuela, Marcela Kloosterboer, Flavia Palmiero, Mariana Arias, Veronica Lozano y el “Corcho” Rodríguez, apuntalaban el acto humanitario, la Red Solidaria iba recolectando alimentos y ropa entre los 100.000 presentes, llegando a juntar 60 toneladas de comida y otro tanto de vestimenta. Ello ayudará a los damnificados durante dos años y medio, según la presunción de Juan Carr, mentor principal del acontecimiento.
Así, con un sol espectacular oficiando de maestro de ceremonias, Pedro Aznar tomó su guitarra para honrar la memoria de dos mártires del país trasandino: Violeta Parra y Víctor Jara. Enseguida, León Gieco volvió a agarrar el volante (muy temprano, ya había inaugurado la velada en compañía de Gustavo Santaolalla, ofreciendo su clásico “Pensar en nada” y el oldie de Arco Iris, "Mañana campestre") y luego de llamar a la razón en “La memoria” invitó a D’Mente para rockear con “El fantasma de Canterville”, “Hombres de Hierro”, “El país de la libertad” y “El ángel de la bicicleta”… esa línea que reza: “bajen las armas que aquí solo hay pibes comiendo”, rebotó desde el monumento a Güemes hasta la Casa Rosada.
Entre Biblias, calefones y pogos, León invitó a Raul Porchetto para desempolvar “La mamá de Jimmy”, aquella gema de PorSuiGiego, minutos antes de que los Fabulosos Cadillacs subieran la temperatura del cónclave filantrópico con un mini concierto de diez canciones, entre las que figuraron “Manuel Santillán” (Flavio, ¿no estamos grandes para andar en skate sobre el escenario?), “El genio del dub”, “Vos sabes”, “Guns of Brixton” (en el cover de The Clash se lucieron Astor y Florian, hijos de los caciques cadillas), “Mal bicho” y “Matador”.
El final llegó de la mano de un We Are The World ad-hoc, sin Cerati ni el Salmón (el anunciado Luis Alberto Spinetta nunca apareció) pero con los Cadillacs, Javier Calamaro, los músicos chilenos de Charly García, Hilda Lizarazu, Alina Gandini y, obviamente, Gieco para interpretar “Solo le pido a Dios”. Esto sucedió segundos luego de que Vicentico expresara en voz alta un deseo que se puede extender a todo enunciado humanitario: “Que se repita”… especialmente si reflexionamos acerca de que en Argentina también hay gente que la está pasando muy mal.
Jorgelina. R
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